Al hacer
este miércoles un balance de su visita a los Estados Unidos, del 15 al
21 de abril, Benedicto XVI aseguró que ha tratado de llevar la esperanza
de Cristo a la tierra de la «sana laicidad».
Como es
costumbre, el Papa repasó los momentos más significativos de su primera
peregrinación como Papa a tierras estadounidenses junto a los 40.000
peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo
de la primera audiencia general celebrada a su regreso.
Definió
con estas palabras el objetivo que se marcó con su visita: «confirmar en
la fe a los católicos, renovar e incrementar la fraternidad con todos
los cristianos, y anunciar a todos el mensaje de "Cristo nuestra
esperanza", como decía el lema del viaje».
Evocando
la festiva acogida que le ofreció el presidente de los Estados Unidos
George W. Bush, en la Casa Blanca, en el día de su cumpleaños, el Papa
explicó que pudo «rendir homenaje a ese gran país, que desde los inicios
se ha edificado a partir de una feliz conjugación entre principios
religiosos, éticos y políticos, y sigue siendo un válido ejemplo de sana
laicidad».
Este
cimiento, explicó, permite que «la dimensión religiosa, en la diversidad
de sus expresiones, no sólo sea tolerada, sino valorada como "alma" de
la nación y garantía fundamental de los derechos y de los deberes del
ser humano».
En este
contexto, reconoció, «la Iglesia puede desempeñar con libertad y
compromiso su misión de evangelización y promoción humana y, al mismo
tiempo, puede ser de estímulo para un país, como los Estados Unidos, al
que todos dirigen su mirada como uno de los principales agentes del
escenario internacional, para que se oriente hacia la solidaridad
global, cada vez más necesaria y urgente, y hacia el ejercicio paciente
del diálogo en las relaciones internacionales».
Por lo
que se refiere al mensaje que dejó a la Iglesia de ese país, constató
que uno de los momentos más importantes fue su encuentro con la
conferencia episcopal en el que pudo «apoyar a mis hermanos en el
episcopado en su difícil tarea de sembrar el Evangelio en una sociedad
marcada por muchas contradicciones, que amenazan la coherencia de los
católicos y del mismo clero».
«Les
animé a elevar su voz sobre las cuestiones morales y sociales actuales y
a formar a los fieles laicos para que sean buena "levadura" en la
comunidad civil, a partir de la célula fundamental que es la familia»,
recordó.
«En este
sentido, les exhorté a volver a proponer el sacramento del Matrimonio
como don y compromiso indisoluble entre un hombre y una mujer, ámbito
natural de acogida y de educación de los hijos».
«La
Iglesia y la familia, junto a la escuela, especialmente la de
inspiración cristiana, deben cooperar para ofrecer a los jóvenes una
sólida educación moral, pero en esta tarea también tienen una gran
responsabilidad los agentes de la comunicación y del entretenimiento».
Y luego,
«pensando en el doloroso caso de los abusos sexuales a menores cometidos
por ministros ordenados», el Santo Padre aseguró que quiso «expresar a
los obispos mi cercanía, animándoles en el compromiso de curar las
heridas y de reforzar las relaciones con sus sacerdotes».
Luego el
obispo de Roma siguió repasando otros momentos que quedarán grabados en
su memoria para siempre, haciendo especial hincapié en la emocionante
visita al cráter de la Zona Cero, donde surgían las Torres Gemelas, y a
la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
El Papa
agradeció a Dios la posibilidad que le ofreció, en el sexagésimo
aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de
recordar «su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona
humana, creada por Dios a su imagen y semejanza para cooperar en el
mundo en su gran designio de vida y de paz».
«Al igual
que la paz, el respeto de los derechos humanas se arraiga en la
"justicia", es decir, en un orden ético válido para todos los tiempos y
para todos los pueblos, que puede resumirse en la famosa máxima "No
hagas a los demás lo que no querrías que te hicieran a ti mismo", o,
expresada de manera positiva con las palabras de Jesús: "todo cuanto
queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos"».
El Papa
concluyó recordando que esta visita ha celebrado los doscientos años de
la primera arquidiócesis y de las primeras diócesis de los Estados
Unidos.
«El
pequeño rebaño de los orígenes se ha desarrollado enormemente,
enriqueciéndose con la fe y las tradiciones de sucesivas oleadas de
inmigración. A esa Iglesia, que ahora afronta los desafíos del presente,
he tenido la alegría de anunciar nuevamente a «Cristo nuestra esperanza»
ayer, hoy y siempre», confesó.