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Existe en nuestra diócesis una larga
tradición de corresponsabilidad que se ha ido concretando, entre otras
mediaciones, en la creación e impulso de los Consejos pastorales en todos
los niveles. Desde hace muchos años, al menos desde 1978, se ha venido
expresando el deseo de que los Consejos Presbiteral y Pastoral de la
diócesis, puedan participar de alguna manera como tales en el proceso de
designación de quienes vayan a ser nuestros obispos. Este deseo de
participación mayor no es contrario a lo que establece el Código de
Derecho Canónico, sino que cumpliéndolo lo mejora, promoviendo una mayor
colaboración de esta Iglesia local en una cuestión que tanto le afecta.
Esta aportación se entiende como colaboración en un proceso más amplio que
implica a las demás Iglesias locales presididas por la de Roma. En este
sentido conviene recordar lo realizado en la sucesión de D. Luís Mª
Larrea, impulsado por él mismo.
El día 5 de febrero de 2008 los
cristianos de la Iglesia de Bizkaia tuvimos conocimiento de que se había
nombrado nuevo Obispo Auxiliar por los medios de comunicación. Los
Consejos diocesanos no habían sido oídos, ni tan siquiera informados. Esta
manera de proceder generó un profundo malestar, decepción y tristeza en
buena parte de nuestra Iglesia, y en los consejeros y consejeras de ambas
instituciones.
El día 11 de febrero, en el transcurso
de la sesión ordinaria del Consejo Presbiteral, un número importante de
sus miembros comunicaron a nuestro Obispo, D. Ricardo, su desacuerdo y
malestar por la forma en que se había procedido para este nombramiento.
Del mismo modo el día 23 de febrero, en el transcurso de la sesión
ordinaria del Consejo Pastoral Diocesano, un número significativo de
consejeros expusieron a D. Ricardo su tristeza y disconformidad con el
modo en que se había procedido para este nombramiento. En ambas reuniones
las razones del desacuerdo se manifestaron a partir de un profundo amor a
la Iglesia, con respeto, y en el ejercicio de la responsabilidad que como
consejeros entendemos que nos concierne.
El día 12 de marzo la práctica
totalidad de la ejecutiva del Consejo Pastoral y de la permanente del
Consejo Presbiteral dieron a conocer a la comunidad diocesana una
información escrita de lo acontecido tras el nombramiento del Obispo
Auxiliar. El escrito recogía que el deseo de participación en el proceso
no había sido atendido, el malestar y tristeza que
ello había generado, la constatación de la oportunidad perdida de comunión
eclesial, y la insistencia en la petición de participación como tales
Consejos en el proceso de designación de los próximos obispos de nuestra
diócesis. Todo ello con el compromiso de seguir trabajando para ejercer
una verdadera comunión eclesial y corresponsabilidad en los distintos
ámbitos de nuestra vida diocesana
El día 5 de abril miembros de ambos
Consejos nos reunimos a título personal para, en un ambiente de oración y
reflexión, acordar un documento en el que se recogiera cuanto venimos
diciendo y hacérselo llegar a nuestro Obispo, al Sr. Nuncio, y a la
Congregación de Obispos en Roma. La carta, firmada por 53 consejeros, ya
ha sido entregada a sus destinatarios. El contenido de la carta recuerda
la tradición diocesana en esta cuestión, el desacuerdo con el proceso
seguido y las posibilidades de participación que el propio Derecho
posibilita, la importancia de la sintonía de un Obispo con la Iglesia que
va a presidir y a la que va a servir, y la reiteración de la petición de
participación de los máximos órganos de corresponsabilidad de nuestra
Iglesia local previstos por el Concilio en el próximo nombramiento
episcopal.
Durante estas semanas los medios de
comunicación se han hecho eco tanto del nombramiento como de las
diferentes reacciones que éste ha suscitado. Las informaciones han sido la
mayoría de las ocasiones incompletas o inexactas, y en muchos casos
interesadas según las opciones ideológicas de cada empresa de
comunicación. En ningún caso han sido facilitadas por los consejeros, ni
desde las instancias a las que pertenecemos. Este texto, y el del 12 de
marzo, han sido los únicos que expresan nuestra posición al respecto.
También durante este tiempo se ha
puesto de manifiesto la pluralidad de ideas y valoraciones que existen en
nuestra Iglesia de Bizkaia. Esta diversidad es indicativa de una Iglesia
sana y plural. Sin embargo en ningún caso aceptamos que en el intercambio
de opiniones se introduzcan juicios de intención, descalificaciones
personales, o falsedades manifiestas. Estamos firmemente convencidos de
que una corrección constructiva y fraterna es una manifestación de nuestro
amor y servicio a la Iglesia.
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